Reseña
La estrategia del Colibrí
El momento histórico de la globalización, correspondiente a la fase tardía de la expansión del mundo capitalista de occidente, presenta unas complejidades tan inmensas expresadas en agudas crisis, en diferentes niveles de la cultura. El orden social actual ha emergido a partir de visiones del mundo homogéneas, producidas en lugares concretos, como los Estados Unidos y reproducidas a la vez, las cuales han otorgado la comprensión unitaria del mundo, una perspectiva homogeneizante que ha relegado las otras culturas, las visiones alternativas a este orden social impuesto.
La cultura global ha negado la diversidad desconociendo que precisamente el valor de la cultura se evidencia cuando abre las puertas a la inclusión de heterogeneidades. Entre tanto, los lugares, y lo local, aparecen como condición existencial relevante. Pero Morace aclara que no se trata de reproducir la dicotomía entre lo local y lo global, característica de una comprensión resistente a los procesos de globalización, sino por el contrario, parece que intenta reconciliarlas.
Encuentra por tanto en las diferentes culturas, componentes diversos de un todo universal. África, India y China, Japón, Latinoamérica, Europa, Norteamérica, el medio oriente, la Rusia ortodoxa, Escandinavia y, finalmente, Australia y Oceanía. Diversos componentes de un contexto global en el que pueden caber las múltiples determinaciones que conforman una unidad. No obstante Morace critica las dinámicas que han generado esta ausencia de comprensión de lo diverso, básicamente la comprensión de la sociedad a partir de las prácticas del consumo capitalista motivado en una sola dirección cultural, económicamente determinada.
Para Morace, las culturas tienen la semilla de un nuevo orden social. La metáfora propuesta por Morace responde a este reto para la sociedad contemporánea, implica la polinización de la diversidad. El genius loci traduce el talento que hace parte de los ámbitos locales. Según Morace, el genius loci “en los años venideros se revelará como decisiva en los proyectos políticos y empresariales, de la misma manera que ya está sucediendo con las comunidades a través de la red” (p. 37). El reconocimiento de los ámbitos locales es precisamente donde surge una comprensión de un orden social menos excluyente y homogeneizante en el cual la cultura aparece como componente fundamental, reconociendo la tendencia a la conformación de una tendencia a la unificación de un estándar cultural a nivel mundial (Morace: 45) en la cual, sin embargo, lo local cumple un papel relevante.
Pero no se trata de la simple aceptación pasiva de la diversidad, lo que confluye en la de tolerancia, sino más bien de ubicar la diversidad como innovación, como posibilidad de inclusión dentro de un universo complejo construido por múltiples singularidades. Esto es lo que hace realmente la metáfora del colibrí, polinizar estas semillas culturales en diversos contextos en los que se insertan y se transforman, “la globalización ha provocado la fractura entre el lugar de producción de una cultura y el lugar o lugares donde se disfruta de ella” (Morace, 51). De esta manera se conforman comunidades imaginadas, concepto acuñado en su momento por el historiador Benedict Anderson para indicar la forma en que los individuos construyen imaginarios asociándose a una idea de comunidad. Pero estas comunidades ya no son solamente locales, han traspasado los límites de lo local y lo nacional, con la posibilidad de “re-territorializar” con la fuerza del imaginario (Morace, 72).
Lo que queda de los análisis de casos diversos por parte de Morace es la conformación de cierto tipo de comunidades de carácter híbrido incluso pese a la resistencia de lo local por asumir los rasgos culturales de una cultura cosmopolita. La alianza entre la sociedad civil y el mundo empresarial moderno es fundamental para la comprensión de un orden emergente. De esta manera no plantea un objetivo revolucionario en el sentido de transformar las estructuras sociales sino, por el contrario, del reconocimiento de las ya existentes como base fundamental para el cambio social. Las diversas culturas son muestra de las posibilidades de compatibilidad en lo humano que inicia en la escritura de una nueva historia que parte de la consideración de lo local como fundamento para la construcción de una nueva cultura, sin importar que esta tenga pretensiones de universalidad.
Referencia Bibliográfica
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