Reseña
La Imagen de la Ciudad
La ciudad es el espacio clave de comprensión de la sociedad moderna. La organización de las urbes remite a las épocas de la antigua Grecia, origen de nuestra cultura que retoma su legado en la fase histórica del Renacimiento, cimiento cultural de la sociedad occidental moderna. El diseño urbano aparece dotado, entre tanto, de un carácter artístico. Un arte que se diferencia, de manera estricta, de las demás artes.
Lynch construye en La imagen de la ciudad, precisamente una construcción de estos espacios en relación con los ámbitos del arte tradicionalmente entendidos por la cultura moderna y parte de ellos para delimitar una comprensión de la ciudad como espacio estético. De allí que Lynch reconozca, en primer lugar, la naturaleza cambiante de estos espacios, los cuales se van conformando de manera dinámica pero que, sobretodo, se benefician de la heterogeneidad de elementos que los componen.
Para Lynch “los elementos móviles de una ciudad, y en especial las personas y sus actividades, son tan importantes como las partes fijas” (p. 10), en una comprensión de la ciudad que supera la comprensión del mero espacio físico. Los individuos y las cosas adquieren un papel relevante, hacen parte del mismo contexto de la ciudad, la ciudad no aparece como elemento pasivo alejado de los individuos sino que estos mismos la conforman. La idea de ciudad, en la comprensión de Lynch, emerge de los espacios materiales, de los ámbitos llenos de hormigón y asfalto para convertirse en espacio dinámico, vivo, si se quiere.
No obstante, uno de los aspectos más relevantes que caracteriza a la ciudad es la imposibilidad de controlarla. Lynch la compara con una obra de arte pero indica que, contrario a ser una obra ya terminada, dada su naturaleza creciente y dinámica, no es posible de controlar de manera consciente, su aspecto mismo se modifica todo el tiempo. Es una obra en plena acción.
Para su estudio Lynch aborda la comprensión del aspecto visual de la ciudad norteamericana, en las cuales las imágenes ambientales desempeñan un papel determinante que da forma al aspecto de estos espacios. La forma de las ciudades es amplia en sus heterogeneidades, que van desde el desorden que sugiere el espacio de Boston, con sus calles que inducen a la confusión (Lynch, 28), construcciones antiguas conviven con nuevos proyectos., Jersey City atravezada por montones de vías que le dan apariencia de un lugar más para el tránsito que para residencia (Lynch, 37). Hasta la complejidad de Los Ángeles y su apariencia mucho más sobria pese a ser un centro empresarial en con excesivo movimiento. La descripción de estas ciudades no aborda sus direcciones o descriptores específicos como calles y lugares, sino en cuanto a las imágenes que la representan, estas conforman realmente la representación de la ciudad. El escenario mismo remite a aspectos como el paso del tiempo (Lynch, 59), la organización y la base de sus actividades.
El carácter cambiante de la ciudad, no solamente relaciona una perspectiva dinámica en el tiempo que evidencia un crecimiento acelerado, incontrolable de las dimensiones de la masa urbana sino que remite a como las visiones sobre la ciudad también se modifican de acuerdo a la perspectiva abordada: es el caso de la imagen de la ciudad en diversas escalas: a nivel de calles, barrios o área metropolitana la ciudad implica una imagen particular, reconocida por sus mismos miembros (Lynch, 106).
Entre tanto el espacio urbano tiene para Lynch una forma concreta, se presenta como un paisaje imaginable: visible, coherente y claro (Lynch, 112). Cada objeto es constitutivo de la totalidad y la forma en que las paticularidades constituyen el todo evidencia que la ciudad tiene una historia económica, política y cultural (Lynch, 113) que de alguna manera puede leerse en su carácter visual. El diseño de vías, calles, edificios y demás objetos y formas construyen el imaginario de las ciudades modernas y le dan sentido a ese conjunto inicialmente heterogéneo (Lynch, 135). La ciudad es una imagen en construcción, abierta a los cambios, tanto en sus funciones como en sus significados, “y receptiva para la formación de nuevas imágenes” (Lynch, 146). Para Lynch el espacio de la ciudad no es solo un ámbito de construcción y disposición de objetos ordenado frío y vacío de contenido sino que, por el contrario, es todo un espacio simbólico lleno de contenidos y comprensiones: “debido a la intensidad de su vida y al apiñamiento de seres humanos muy dispares, la gran ciudad es un sitio romántico que abunda en detalles simbólicos” (Lynch, 147).
La imagen de la ciudad es una construcción muy romántica de la urbe por parte de Lynch al cual se debe reconocer el hecho de ver el espacio como una expresión artística, no obstante, la comprensión del espacio urbano por parte de Lynch está relacionado con una idea muy eurocéntrica que no reconoce otro tipo de heterogeneidades, más que el conjunto de espacios, personas y objetos, como son las precariedades de la sociedad capitalista, evidenciadas de manera dramática en los espacios de las grandes urbes latinoamericanas y sus características disparidades. Los espacios característicos de las periferias y las extensas regiones deprimidas no son enmarcadas por Lynch. Si bien, en una caracterización de Boston, el autor indica la heterogeneidad cuando habla de la existencia de zonas muy pobres y zonas más acomodadas (Lynch, 26), posteriormente no menciona esta característica tan típica de las ciudades modernas y aún más presente en las ciudades en regiones con menores niveles de desarrollo en los cuales la planificación se ve mucho menos marcada que en el caso de las ciudades estudiadas o consideradas por Lynch.
Referencia Bibliográfica
Lynch, Kevin. (1998). La imagen de la ciudad. Barcelona: Editorial Gustavo Gill.
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